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Comer sube más que la inflación y presiona la línea de pobreza

hace 2 días
2 min de lectura

Los datos del INEGI de septiembre de 2026, presentados por TResearch y MITOFSKY,

muestran ese contraste. La inflación general se coloca en 3.5% anual, pero la canasta alimentaria urbana aumenta 5.5%. El promedio de los precios cuenta una historia; el gasto indispensable de los hogares muestra una presión mayor.

Comer sube más que la inflación y presiona la línea de pobreza

El bolsillo tiene una presión muy concreta: la comida está subiendo más que los precios en general. Y cuando alimentarse absorbe más de la mitad del dinero necesario para cubrir lo básico, ese aumento deja menos espacio para transporte, vivienda, salud o educación.


En la ciudad, la línea de pobreza por ingresos llega a 4,952 pesos mensuales por persona, 4.4% más que un año antes. Hablamos del valor de una canasta de alimentos y otras necesidades básicas. Si el ingreso por persona de un hogar queda debajo de ese umbral, no alcanza para cubrirla.


De esos casi cinco mil pesos, 2,591 corresponden solamente a alimentos. Es decir, alrededor de 52% se destina a comer y el resto debe alcanzar para las demás necesidades. Ahí está una de las claves: cuando sube el mandado, el margen para acomodar otros gastos se reduce.


También hay diferencias por territorio. En el campo, la línea se ubica en 3,554 pesos mensuales, cerca de 28% por debajo de la urbana. Pero un umbral menor no significa que resulte más fácil cubrirlo: también importa cuánto ingreso recibe cada hogar. Además, la canasta alimentaria rural aumenta 4.9%, por encima de la inflación general.


Y ojo con llevar estas cantidades a la vida familiar. Para un hogar urbano de cuatro integrantes, el equivalente ronda los 19,800 pesos mensuales. Es el ingreso conjunto de la casa, repartido entre quienes viven en ella, el que permite dimensionar la distancia frente a esa línea.


Entre los aumentos que destacan aparecen la cebolla, con cerca de 90%, y el jitomate, con 27%. Son productos cotidianos, de esos cuyo precio se reconoce sin necesidad de consultar un reporte.


La lectura política es clara: para valorar si mejora la economía familiar, no basta con observar la inflación general ni con anunciar mayores ingresos. Hay que revisar si esos ingresos avanzan más que el costo de cubrir lo indispensable. Porque la línea de pobreza también se mueve, y los hogares necesitan seguirle el paso.


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