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Campañas de 2027: la aviación contra la artillería

  • hace 2 horas
  • 4 min de lectura

Los términos de la campaña de 2027 empiezan a ponerse sobre la mesa. Todavía faltan candidatos, alianzas locales, conflictos estatales, errores de gobierno, errores de oposición y, como siempre, acontecimientos inesperados que terminarán modificando el ambiente político. Pero ya hay señales suficientes para observar cómo Morena quiere plantear la contienda y cómo la oposición intentará enfrentarla: la oposición buscará atacar desde el aire; Morena intentará defenderse y avanzar desde la tierra.

Campañas de 2027: la aviación contra la artillería

El “aire” son los medios, las redes sociales, las filtraciones, las listas que llegan desde Estados Unidos, los expedientes, las acusaciones y las narrativas de corrupción, crimen organizado o complicidad. La “tierra” son los programas sociales, las plazas públicas, las asambleas, la estructura territorial, el contacto directo con beneficiarios, la movilización comunitaria y la idea de que, frente a un ataque mediático, hay que responder con presencia física y organización política. Ahí parece estar la apuesta de la 4T rumbo a 2027.


El primer dato importante es el cambio en la dirigencia. Sale una presidenta de partido mediática, acostumbrada al debate y al choque declarativo. Entra una figura más discreta pero conocida por su capacidad de operación territorial. No llega alguien para disputar todos los días la mañanera paralela de la oposición, sino alguien que conoce la estructura de tierra, que operó durante años programas sociales y que entiende dónde está la base real de la fuerza electoral de Morena.


Ese relevo dice mucho. Morena parece aceptar que la batalla mediática será dura, pero que su fortaleza principal no está ahí. Está en la organización territorial, en los beneficiarios, en los comités, en los recorridos, en la presencia comunitaria. Dicho de otra manera: no necesariamente quiere ganar cada discusión en redes, pero sí cada sección electoral donde su estructura pueda tocar puertas, reunir gente y recordar beneficios concretos.


El segundo dato viene de Estados Unidos. Las listas, filtraciones o señalamientos contra funcionarios estatales —y eventualmente contra actores federales— vinculados a la 4T son vistas por Morena como un riesgo electoral real. No importa aquí discutir caso por caso ni afirmar si todos los señalamientos son ciertos o falsos. El punto político es otro: cada acusación construye un ambiente. Y en política muchas veces el ambiente pesa más que el expediente.


Si desde fuera se filtran nombres, se cancelan visas, se sugieren investigaciones o se acusa a funcionarios de vínculos indebidos, eso no solo tiene efectos judiciales o diplomáticos; tiene efectos electorales. La oposición puede tomar esos elementos y convertirlos en narrativa: “Morena está infiltrada”, “la 4T protege corruptos”, “hay complicidades”, “Estados Unidos ya sabe lo que aquí se oculta”. Esa será una línea natural de ataque rumbo a 2027.


Por eso la tercera señal es fundamental: la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum al denunciar injerencia de Estados Unidos, cuestionar que se pidan detenciones sin pruebas suficientes, se filtren datos o se retiren visas, y acusar que algunos actores externos pretenden convertirse en grandes electores de México. Con esa respuesta, la presidenta no solo defiende a su gobierno frente a una presión diplomática; también empieza a construir un marco electoral.


Ese marco es claro: no se trata solo de críticas internas, sino de un ataque desde fuera; no se trata solo de oposición mexicana, sino de ultraderecha, medios, redes y poderes externos intentando debilitar a la 4T; no se trata solo de denuncias, sino de una campaña mediática coordinada para afectar la elección.


Ese discurso convierte la defensa del gobierno en defensa del proyecto nacional. Y cuando un gobierno logra plantear que lo atacan no por sus errores, sino por sus decisiones soberanas, le da a su base un motivo adicional para movilizarse. Ahí se ve el campo de batalla.


La oposición quiere que la elección se decida en la conversación pública, en el escándalo, en la investigación, en el expediente y en la percepción de corrupción. Morena quiere que se decida en el contacto directo, en la experiencia del ciudadano con los programas sociales, en la movilización y en la idea de defensa del movimiento.


La oposición no tiene hoy una estructura territorial comparable con la de Morena. Puede tener buenos temas, buenos ataques, buenos expedientes y buenos momentos mediáticos, pero le cuesta convertir eso en organización electoral. Morena, en cambio, puede perder debates en redes y aun así conservar presencia territorial, porque su fuerza no depende solo de opinión publicada, sino de una red de beneficiarios, simpatizantes, operadores y liderazgos locales que han trabajado durante años. La pregunta es cuál de las dos campañas pesará más en 2027.


Las redes amplifican, indignan, aceleran crisis y colocan temas, pero el voto sigue ocurriendo en territorio. Al ciudadano común pueden llegarle noticias de corrupción, señalamientos internacionales o videos virales, pero también le llega su pensión, su beca, su apoyo, su obra local, su contacto con un servidor público o con un operador político que le recuerda quién se lo dio.


No digo que una cosa anule la otra. Al contrario: la disputa será precisamente entre esas dos fuerzas. La oposición intentará que los señalamientos sean tan fuertes que contaminen la relación cotidiana de Morena con sus bases. Morena intentará que la relación directa sea tan fuerte que neutralice el efecto de las acusaciones.


Morena se defenderá en tierra. No con entrevistas, sino con recorridos. No solo con comunicados, sino con asambleas. No únicamente con respuestas en redes, sino con presencia organizada.


La oposición, por su parte, deberá entender que atacar desde el aire puede ser vistoso, pero no siempre alcanza para ganar territorio. La aviación puede debilitar al adversario, pero no ocupa ciudades; para ganar una elección se necesitan candidatos, casillas, representantes, movilización, narrativa local y una razón clara para votar por una alternativa. Si la oposición solo se queda en el escándalo, puede generar ruido, pero no necesariamente votos.


Morena parece aceptar que la oposición tendrá más juego aéreo pero quiere responder con infantería, caballería y artillería territorial. Quiere que mientras unos disparen desde medios y redes, otros ocupen plazas y hablen directamente con la gente.


La campaña no ha empezado formalmente, pero ya se están escogiendo las armas. La oposición parece apostar al aire. Morena se prepara para la tierra.



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